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No es perseverancia, es EGO: la historia del chatbot que quiso cambiar el mundo
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“Cuando uno dice, 'Si eso funciona, yo no cambio, esa carta es mi carta', por lo general siempre es tarde.”
“Se me olvidó ese detalle: que yo no sabía en qué me estaba metiendo.”
“Imagínate el nivel de ego: Álvaro Alman iba a ser un chat GPT.”
“Es cuando uno empieza a doblar la apuesta que cada vez es más difícil salirse. Es el tema de los costos hundidos.”
“Por lo general es tarde cuando uno se da cuenta de que no es perseverancia, sino el ego el que está hablando.”
“Métale perseverancia, pero usted tiene que entender en qué se está metiendo.”
Ideas clave
- La perseverancia mal entendida puede llevar a la quiebra; la línea entre perseverar y ser terco es difícil de identificar en el momento.
- El ego se disfraza de propósito noble: creer que una idea es valiosa 'porque sí' impide ver que no está funcionando.
- Hace 9 años Álvaro intentó crear un chatbot consultor para micro y pequeñas empresas, una versión temprana de lo que hoy es ChatGPT.
- Invirtió y convenció a otros (familia, fundaciones, entidades públicas) sin tener conocimiento técnico del desarrollo tecnológico que el proyecto requería.
- El producto ('Steve') generaba resultados incoherentes y confundía a los emprendedores reales, generando un impacto contrario al buscado.
- Tras el primer fracaso, 'pivotó' a otro proyecto tecnológico (modelos predictivos de logística portuaria) repitiendo el mismo error de no entender la tecnología.
- La 'teoría del bus' explica el sesgo de costos hundidos: quien más ha invertido/esperado está más dispuesto a seguir esperando, aunque no tenga lógica.
- Casi siempre uno reconoce que estaba actuando por ego, y no por perseverancia, cuando ya es demasiado tarde.
- Lección final: perseverar está bien, pero hay que entender profundamente en qué se está invirtiendo (dinero, tiempo, capital social).
Resumen
En este clip, Álvaro relata una de sus experiencias empresariales más dolorosas: hace nueve años, cuando apenas se hablaba de inteligencia artificial, intentó desarrollar una plataforma tipo chatbot ('Steve') que ayudara a micro y pequeños empresarios a crear planes estratégicos, financieros y de marketing —básicamente lo que hoy hacen ChatGPT o Claude—. El problema era claro y la convicción genuina, pero él no tenía ni idea de tecnología ni dimensionaba la complejidad de lo que intentaba construir.
A pesar de las señales de alarma (desarrolladores que renunciaban, versiones beta que fallaban, resultados sin sentido entregados a emprendedores reales), Álvaro siguió adelante convencido de que su propósito noble justificaba seguir invirtiendo tiempo, dinero y capital social. Vendió la idea a empresas, fundaciones y entidades públicas antes de que el producto funcionara, y cuando finalmente colapsó, en lugar de aceptar que el problema era su falta de conocimiento técnico, 'pivoteó' hacia otro proyecto tecnológico (modelos predictivos para logística portuaria), repitiendo el mismo error con nuevos socios, incluyendo a su familia.
El quiebre llegó al entender la 'teoría del bus' de un profesor: quien lleva más tiempo esperando está dispuesto a esperar aún más, aunque no tenga lógica —una metáfora perfecta de los costos hundidos. Cuanto más se invierte, más difícil es soltar, y por eso, según Álvaro, uno casi siempre se da cuenta de que era ego y no perseverancia cuando ya es demasiado tarde.
La conversación cierra con una lección aplicable hoy: cuidado con invertir (dinero, tiempo, fe) en cosas que no se entienden, sean chatbots de hace nueve años o criptomonedas y stablecoins en la actualidad.
Aprendizajes
- Distinguir ego de perseverancia es difícil en tiempo real; casi siempre se reconoce el error cuando ya es tarde.
- Un propósito noble no garantiza el éxito de un proyecto: la ejecución y el conocimiento técnico importan tanto como la convicción.
- Invertir en lo que no se entiende (tecnología, cripto, stablecoins) es un riesgo que el ego tiende a minimizar.
- Los costos hundidos generan un sesgo psicológico (teoría del bus): cuanto más se ha invertido, más difícil es soltar, aunque sea lo racional.
- Vender una idea antes de validarla técnicamente puede quemar capital social y dañar la reputación cuando el producto falla.
- 'Pivotar' con el mismo ego intacto no resuelve el problema de fondo; hay que identificar la causa raíz del fracaso antes de reintentar.
Mapa mental
Material de estudio
Infografía
Genera una infografía visual de la lección (experimental, con Gemini).